DEMETRIA
“Mi princesa, ¿estás ocupada?”, preguntó mi padre en cuanto contesté su llamada.
“No, papá, solo me tomé un descanso de la cocina. Ahora estoy en mi oficina”, respondí, reclinándome en la silla y frotándome las sienes.
“¿Cómo estás, hija mía?”
“Estoy bien, papá, ¿y tú?”
“Yo también estoy bien, ¿cómo está mi yerno?”, bromeó, y al instante pude imaginar su sonrisa a través del teléfono.
Me quedé paralizada un momento, mirando fijamente el portapapeles de mi escritorio. Se me secó la garg