MARION
—¿En qué piensas? —Le pregunté a Demetria, observándola sonreír con los ojos cerrados y la cabeza ligeramente elevada hacia el cielo.
La brisa levantó algunos mechones de sus rizos y, por un instante, pareció pertenecer al océano: suave, serena, resplandeciente bajo las estrellas.
Dios… podría contemplarla así eternamente.
Este momento con ella, escuchando el suave romper de las olas, se sentía como un dulce sueño que podía desvanecerse en cualquier instante. Y ese miedo me oprimía el pe