DEMETRIA
Me acerqué más al cuerpo de Marion, buscando calor. En el instante en que mi piel rozó la suya, una oleada de calor me invadió. Sus brazos eran duros como granadas bajo la piel, su pecho esculpido en hormigón. Levanté la vista para mirarlo: seguía dormido, respirando lenta y profundamente.
Con cuidado, me moví, con cuidado de mi pierna enyesada, y me coloqué encima de él. Cuando le quité el edredón que lo cubría hasta la cintura, su cuerpo se removió bajo el mío.
—¿Wildfire? —preguntó