DEMETRIA
Cuanto más me acercaba a la puerta de mi apartamento, más fuerte me latía el corazón. No sé por qué me abandonó el sentido común y anoche terminé en la casa de playa de Marion. Ahora, después de decirle que era su mujer, el miedo me agarraba de nuevo.
No tenía miedo de que me hiciera daño. Lo que me aterraba era lo que pudiera pasar. Sé que dije que quería vivir un poco, pero quizá me había pasado.
Abrí la puerta y entré.
Papá se sentó en el sofá, quitándose las gafas de leer en cuanto