Pintando la ciudad de ella

MARION

La puerta se cerró tras de mí, pero su aroma, esa dulce mezcla de fresa y algo que solo ella poseía, se me quedó grabado como un maldito fantasma.

Exhalé con fuerza, pasándome la mano por el pelo mientras salía de su panadería. Cada paso se sentía más pesado que el anterior, el eco de su voz resonando en mi cabeza.

«Ninguna mujer debería poder respirar el mismo aire que mi hombre».

Lo decía en serio, y eso me destrozaba. Demetria no estaba exagerando. Estaba siendo ella misma. Feroz. Org
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