MARION
No me molesté en ir a casa a cambiarme antes de encontrarme con el equipo de construcción en el centro. El tiempo es oro, y no iba a desperdiciarlo. En cambio, le pedí a Stephen que me trajera ropa limpia. Eficiente, limpio, sencillo.
"Eres imposible". Recordando las palabras de Demetria después de aquel beso frente a su panadería, no pude evitar sonreír con sorna. Siempre tenía algo que decir después de un encuentro conmigo. Aguda, desafiante y cargada de ese fuego que lleva consigo a todas partes. Y, maldita sea, me gustaba provocarlo. Siempre lo hace.
Esa mujer se me resiste a cada paso, contraatacando con esas palabras y miradas afiladas. Es un fuego salvaje, siempre listo para consumir y reducir a un hombre a cenizas. ¿Pero yo? Estoy hecha para domar las llamas. La apagaré y disfrutaré del ardor de paso. Ese pensamiento me arrancó una risita disimulada al bajar del coche. Stephen aparcó frente a la torre a medio terminar donde mi nuevo casino tomaba forma. Acero y cristal