DEMETRIA
—¡MARION! ¡Bájame! —chiloé, entre risas y regaños, mientras cruzaba la sala conmigo al hombro como si no pesara nada.
—No —dijo, con aire de suficiencia y sin inmutarse—. Me lo estoy pasando demasiado bien.
Subió las escaleras hacia el dormitorio con un entusiasmo desmesurado, meciéndome un poco con cada paso.
—Marion Whitfield, te juro…
—¿Qué juras? —preguntó, finalmente bajándome suavemente al borde de la cama, con ambas manos aún firmes en mi cintura. Su sonrisa era juvenil, travies