MARION
—¡DIOS MÍO! ¡Cariño! —Chilló Demetria, revelando el siguiente regalo que le había comprado. Después del desayuno, decidimos abrir los regalos bajo el enorme árbol de Navidad del recibidor. Esto era solo el comienzo de su día. Le esperaban más sorpresas.
No estaba preparada para la mayor sorpresa que le había planeado para esta noche.
—De verdad que me lo compraste —murmuró, con los labios temblorosos.
Su voz se quebró, suave y temblorosa, y juro que sentí un nudo en el estómago. Demetria