Atrás habíamos dejado los gritos de los oscuros. Un sendero inocuo y rápido nos llevaba a un nuevo lugar, jalados por una fuerza brillante. Habíamos llegado a la mansión Hudson, Yahadet alteró su apariencia, optando por otra, ya no era el anciano decrépito que nos había recibido, ahora usurpaba la identidad de un hombre más joven que llevaba a Ethan en sus brazos. La puerta se abrió, apenas nos sintieron, la sirvienta que abrió se impactó a ver la escena y entre gritos llamó al señor Oliver. El