Estaba petrificada ante las palabras de Arturo. Pero escuchar pronunciar el nombre de Adrián no solo me confirmaba su existencia, sino que también causó un tormento de sentimientos encontrado. Seguía hipnotizada, bajo aquel rostro perfecto de mi demonio personal, como tanta belleza podía esconder tanta maldad en su interior.
—Si lo deseara, puedo entrar en el cuerpo de Ethan en este preciso instante, de esta forma volvería a sentirte, recordarte cómo era nuestra intimidad, pero no quiero hacer