Mi cuerpo seguía temblando por lo que acababa de experimentar, la respiración continuaba agitada, no podía despegarme de esa huella que me había dejado aquel hombre. Era una sensación tan extraordinaria que solo se podía comparar con la calidez del verano. Él me hacía feliz, pero pronto esa felicidad se desvaneció.
—¡Vivir para morir otra vez! —exclamé con tristeza.
Como pude salí de la ducha, seguidamente me dirigí hacia el armario y tomé el dibujo de Adrián, el corazón comenzó a latir rápid