Todos en el internado me miraban como un ser extraño, y a decir verdad eso es lo yo que era: una colada entre humanos normales cuyo efluvio había contaminado el entorno de todos los inocentes que ahí moraban. Emily había tomado mi mano en la ceremonia, Lucy y Abby también me manifestaban su apoyo. De las tres Abby era quien me vigilaba más de cerca sabía que yo estaba hundida en el peor dolor de mi vida y por tal motivo no existió reproches de su parte. Mi padre había llegado dos días antes del