—Déjame ver tus rabihats.
—¿Cómo sabe que los tengo? —Eleonor sonrió con un dejo de tristeza.
—No hace falta que me lo digan, yo sé cómo funciona esto jovencita; la atracción de mi hijo hacia ti es una prueba más —quedé en silencio y ante ella me quité el reloj para que apreciara mejor las marcas que habían salido en mi muñeca, seguidamente le extendí mi brazo. Eleonor se pendió de mis estigmas, sus ojos los analizaba y pude ver cómo iba creciendo la perturbación en ella.
—Eres una de ellos, Vi