Cuando el deseo se dispara, las excusas se esfuman y el sentido común sale corriendo. ¡Que comiencen los fuegos artificiales!
—Adriel —susurró Susy, y su voz transmitió cada ápice de su necesidad mientras él gruñía en respuesta.
Sus caderas se deslizaron más abajo en la cama, anhelando la presión inmediata de su cuerpo contra el suyo. Y así fue que descendió con determinación, su boca reclamando uno de sus pechos, succionando el pezón con avidez y embriagándolo con la destreza de su lengua, env