El hombre es fuego, la mujer estopa, y cuando viene el diablo, ¡sopla con todas sus ganas!
Horacio se hallaba ensimismado en el rincón sombrío del bar que frecuentaba, con la mirada clavada en su vaso de whisky. La furia lo consumía al saber que Adriel estaba en su penthouse con Susana. «Ese maldito siempre se interpone en mi camino», pensó con frustración. Horacio quería a Susana en su cama, y quizás construir un futuro juntos, pero, una vez más, Adriel se atravesaba en su camino de la misma f