Esperanza se quedó en silencio, escuchando las palabras de Horacio. Se negaba a darle la razón, aunque sabía que todo lo que había dicho era cierto.
—Pero eso va a cambiar. Yo te ayudaré para que puedas meterte en la cama de ese desgraciado y me dejes el camino libre.
—¿Quién te dijo que yo necesitaba ayuda? —replicó Esperanza.
—Es obvio. Llevas más de seis años persiguiendo a Adriel y no has conseguido nada. Pero eso lo discutiremos en otro momento. Lo que necesito es que mañana saques a Adrie