Recuperó el conocimiento al tiempo que un dolor punzante le recorría el cuerpo de la cabeza a los pies.
Silas abrió los ojos despacio. La vista se le nubló durante unos segundos antes de distinguir por fin el reflejo de la luz que brillaba sobre la superficie del agua debajo de él. La sangre se le agolpaba en la cabeza.
Estaba colgado boca abajo, con ambas muñecas fuertemente atadas a cadenas de hierro suspendidas del techo. Cada vez que intentaba moverse, las cadenas rechinaban y se le hacía má