Ahora la presa era él. Alzó la mirada. Bajo el tenue haz de una linterna que atravesaba la sala, la figura de un hombre emergió despacio de las sombras. Silas entrecerró los ojos. No cabía duda de que conocía esa cara. Y en cuanto comprendió quién estaba frente a él, abrió los ojos.
—¿Jasper?
El hombre se erguía a pocos pasos de él. El brazo izquierdo seguía envuelto en un vendaje delgado que asomaba bajo la chaqueta oscura. La herida de bala, que todavía no sanaba por completo, hacía que se mov