Silas entró. Aún llevaba el mismo traje negro de esa mañana. Tenía el cabello bien peinado y la expresión serena, como si el caos desatado afuera no hubiera alterado su ánimo. Posó la mirada en Lydia apenas un instante antes de dirigirla a Jasper.
—Escuché que pediste un médico —dijo.
—Ya envié a alguien a buscarlo.
Silas exhaló y se rio.
—¿Solo porque dijo que sentía dolor?
—No se quejó. —Jasper le sostuvo la mirada sin vacilar.
—Entonces, mucho mejor —lo interrumpió Silas.
Pasó junto a Jasper