El dolor regresó.
Al principio no fue más que una molestia sorda en el vientre que aparecía de vez en cuando desde la noche anterior. Lydia pudo soportarlo. Supuso que su cuerpo solo estaba agotado por la falta de sueño y la implacable presión de los últimos días. Pero esa mañana el dolor se volvió mucho más agudo y se fue extendiendo hasta cortarle la respiración varias veces.
Cerró los ojos por un instante mientras se aferraba al borde de la cama.
“Ahora no... por favor”.
Lydia respiró hondo e