El dolor punzante lo hizo maldecir entre dientes, mientras Naomi aprovechaba el descuido para correr hacia la puerta.
—¡Atrápenla! —gritó Falcon.
El grito resonó en la habitación.
Otros dos guardias corrieron a bloquear la salida. Naomi siguió resistiéndose y apartaba cada mano que intentaba sujetarla. Agarró cuanto tenía al alcance. Empujó una silla pequeña hasta volcarla, tiró el florero de la mesa auxiliar e incluso intentó arrojar lo que pudiera contra los hombres que la rodeaban.
El ruido d