—Ya confirmé que recibieron su invitación, señor Silas —informó uno de los empleados en cuanto entró al despacho de don Falcon.
Silas se volvió hacia el empleado con una sonrisa.
—Bien.
Luego miró a don Falcon, que seguía ocupado con sus documentos. Al notar la mirada sobre él, Falcon levantó la mirada.
—Sí, eso está bien. Ahora solo queda esperar, ¿no?
Silas sonrió y le indicó al empleado que se retirara. Sin necesidad de una segunda orden, el hombre se disculpó y salió.
—No olvides tu papel es