Esa noche, la mansión estaba mucho más silenciosa que de costumbre.
La lluvia que caía desde la tarde se había reducido a una llovizna al otro lado de las ventanas. La mayoría de las luces de la casa ya estaban apagadas; solo quedaban unas cuantas luces tenues en los corredores principales y en la sala de la planta baja.
Pero Naomi seguía sin poder dormir.
Llevaba un buen rato acostada, con la mirada perdida en el techo y los ojos bien abiertos. Cada vez que los cerraba, las imágenes de la resid