Nathan no siguió hablando enseguida. Dejó pasar unos segundos, lo suficiente para asegurarse de que Eli estuviera lista para escucharlo.
Eli miró de Nathan a Riana, inquieta. El corazón le latía tan fuerte que estaba segura de que los demás podían escucharlo. Fuera lo que fuera, parecía grave.
Riana le apretó la mano con más fuerza, como una promesa silenciosa de que no estaba sola.
—Entonces... ¿de qué querías hablar, abuelito? —preguntó Eli, volviendo a mirar a Riana como para asegurarse de qu