—¿Tu agenda siempre está así de apretada? —el tono de Vanessa era afilado; se cruzó de brazos con firmeza mientras miraba a Daven con una clara desaprobación. Había expresado su frustración más veces de las que podía contar, pero nada de eso parecía afectar los obsesivos hábitos de trabajo de Daven.
Daven suspiró, con los ojos todavía fijos en el documento que tenía en las manos. Lentamente, se quitó las gafas y miró a su esposa.
—Te lo dije; esta semana tengo mucho que hacer. Mi agenda está lle