—Mamá, ¿puede venir a cenar el señor Chase? —preguntó Josh con los ojos muy abiertos e ilusión, mientras tiraba de su manga al salir de la cafetería.
Althea lo miró de reojo.
—Bueno, ni siquiera le he preguntado si quiere acompañarnos.
Chase y Lydia ya habían salido y esperaban cerca del auto estacionado no muy lejos de la entrada de la cafetería.
—Me encantaría —intervino Chase con una sonrisa relajada.
—¡¡¡Sí!!! —gritó Josh de alegría, levantando los brazos para chocar los cinco, gesto que Ch