La camioneta negra avanzaba a paso constante por la autopista de las afueras, lejos del centro congestionado. Tenía los vidrios polarizados y el motor silencioso. Otros dos vehículos la seguían a una distancia prudente, sin salirse del mismo carril. Harold iba cómodo en el asiento del medio, con una pierna cruzada sobre la otra y el traje impecable, como si acabara de salir de una reunión de negocios y no de escapar de la escena.
Sonrió, satisfecho.
—Lo sabía —dijo con ligereza. Sostenía entre l