Oscar se quedó mudo. Apretó la mandíbula y miró al suelo. Los gemidos y gritos contenidos de Noel, al otro lado de la pantalla, le hicieron un nudo en el estómago. Aun así, no podía revelar el paradero de Harold.
—No lo sé —dijo al fin.
Cale sonrió.
—Noel me dijo que sabes muchas cosas —dijo, plantado frente a Oscar—. Incluso dónde está Harold.
Cale se le venía encima, listo para despedazarlo sin piedad. Lo miraba con una frialdad despiadada que dejaba claro lo que pensaba hacer a continuación.