—Debería llevarlo a casa.
Las palabras hicieron que Daven se volteara hacia Arven, que estaba parado a poca distancia.
—¿Por qué tienes que llevarme a casa?
Arven carraspeó.
—Eh... ¿para asegurarme de que llegue bien a casa?
—Mejor cuídate tú. —Daven chasqueó la lengua—. Tú también estás cansado, Arven. Hoy hiciste mucho, y nada de eso fue fácil. Aprovecha lo que queda del día para descansar.
—Señor —protestó Arven—, no puedo hacer eso. No cuando sé el tipo de situación que está enfrentando.
—No