—¿James? —Su voz se quebró.
El hombre se volvió. Una sonrisa tenue le curvó los labios.
—Bienvenida a casa, señorita Vanessa.
Vanessa parpadeó, incrédula. Por un instante, no pudo procesar lo que veía. Y entonces todo dentro de ella se derrumbó. Corrió hacia él, se aferró a él con desesperación mientras los sollozos la sacudían entera.
—¿Dónde estuviste todo este tiempo? —gritó con la voz rota de angustia—. ¡Te esperé! ¡Te necesitaba, James! ¡Y desapareciste! ¡Me dejaste sola!
James no respondi