—No hace falta. —Eli sonrió—. Sigan jugando, por favor. Quiero ver cómo termina el juego esta noche.
El juego continuó. Los vasos pasaban de mano en mano, uno tras otro. Eli empezó a sentir la cabeza pesada. Por momentos se mareaba un poco, pero el juego aún no terminaba.
Entonces le hicieron otra pregunta a Derek.
—Si tu novia es tan especial, ¿por qué nunca nos la has presentado?
—No me gusta que los demás hablen de mi vida privada —respondió Derek, encogiéndose de hombros.
La respuesta hizo q