—Estaba con niños. Sugiero que los matemos si no queremos ningún problema. ¿Qué dices? —dijo el hombre al teléfono.
—¿Qué? —gritó Evelyn, tirándose del cabello con fuerza por la molestia.
—¿Eres estúpido o solo estás intentando arruinarme? —gruñó.
Evelyn no era estúpida. Sabía cuánto apreciaba Damien a sus hijos y que, si la noticia de su desaparición llegaba a él, iría hasta los confines de la tierra para encontrarlos.
En lo que a ella respectaba, ese hombre había cometido un gran error al lle