Lily estaba sentada en su escritorio, revisando los expedientes de los pacientes que tendría que atender. Cuando terminó, tomó sus herramientas y se dirigió a la sala de pediatría.
Al entrar en la habitación, decorada con colores brillantes, vio a una niña pequeña que no parecía tener más de seis años, sentada en su cama con un conejo de peluche apretado contra el pecho.
Llevaba un gorro en la cabeza para cubrir su calvicie, ya que había perdido la mayor parte del cabello debido al cáncer, pero