20. Di mi nombre cada que te bese
Cayetano:
Me perdí en su boca con sabor a miel, en esos ojos verdes preciosos, y sólo de tomarla de la melena azabache, me hicieron olvidar en el lugar donde estábamos.
Me separe un poco de ella, dejando sutiles besos de poco por sus deliciosos labios, sintiendo como me subía de inmediato a la gloria, ella sabía a pecado y a milagro, una sensación tan delirante.
—No… no vuelvas a hacer eso Cayetano Rodríguez—dijo en un hilo de voz.
Sabía que sentía lo mismo que yo, que estaba excitada y que sus