— Hola, amor... — se acercó a ella y la besó— ¿me extrañaste?
— Con desesperación — puso sus brazos alrededor del cuello de Gonzalo—pensé que te habrías olvidado de mí.
—Nunca, preciosa, nunca.
— ¿Hablaste con tu familia?
— Sí y quieren conocerte.
— ¿Quieren o les exigiste?— le preguntó preocupada— no quiero imponerme ante nadie. En realidad, creo que podrías darles tiempo para...
— Para nada...—le detuvo—van a conocerse y si funciona bien, fenomenal, si no, ya veremos cómo lo resolvemos en el