Los meses pasaban y Sofía llegó a sentir que vivía más tiempo con Gonzalo que en su casa.
— ¡Buenas noches, preciosa! Le sonrió Gonzalo al verla llegar arrastrando su maletín, exhausta.
— ¡Por favor, dime que sigo en el mundo de los vivos!— se abrazó al pecho de Gonzalo.
— Sí, amor, sigues aquí, con nosotros.¿Qué te parece si tomas un baño caliente, te llevo una copa de vino, y te doy un delicioso masaje?
— Uhmmmm! eso suena como el paraíso. Te tomo la palabra, te espero en el jacuzzi...— dijo