Parpadeé varias veces atónito, ¿ella lo había dicho?
— ¿Nuestro hijo? —pregunté sorprendido. ¿había recordado?, ¿me recordaba? —. Nuestro hijo.
Reafirmé.
—Oh Alá, tantas veces escuchándolo que ya hasta estoy alucinando como tu —negó suspirando—. Quiero ver a mi hijo.
Fruncí mi ceñó y ladeé un poco mi rostro para observarla. Sonreí cuando supe lo que había pasado, mi amada esposa tenía celos.
—Hablaremos después, Aysel —anuncié y fui hasta Zeynep, quien no dejaba de mirarla.
Pasé por su lado sin