Isaac
Sentí la mano de Milena en mi espalda y toda la piel se me erizó. Aún no quiero pensar en todo lo ocurrido. En cómo me preocupé cuando vi el auto con armas y ella no tenía puesto su traje. No tuve tiempo de nada más que de protegerla.
—Se ve horrible. Gracias, pero…
—¡No tenía el traje! Además, no hice nada que no hubiera hecho por alguno de ustedes.
—Lo sé, aunque me odies, eso lo tengo muy claro, siempre nos cuidarás. De todas maneras, muchas gracias.
Sonó la alarma de su celular. La e