Enrique Sandoval
Menos mal que Isaac alcanzó a pedir ayuda. Solo fue buscar la ubicación para que Dante nos mandara a darle apoyo y ahora íbamos detrás del auto que intentó matar a mi prima. Ya estaba cansado de que no podamos tener una vida tranquila.
Como le dije a Dante. Debíamos buscar el modo de acabar de una vez con esto y regresar a lo que éramos. Familias ganaderas prestigiosas en la región y empresarios que solventan los ingresos de miles de trabajadores. Eso éramos, ese era mi anhelo.
—Enrique, en el otro extremo y disparemos en el vidrio de atrás, si no es blindado, Demetrio…
—No te preocupes, seré ¡el gato volador! —Todos soltamos la carcajada.
—Milena, pásate a la moto de Demetrio para que continúes manejándolas.
Luego de la maniobra, aceleramos. Después de todo, no serán para nada aburridos los días en el cuartel. De manera sincronizada, Sebas y yo apuntamos en las esquinas del parabrisas, mientras Demetrio se preparaba para salir volando impulsado desde la moto hacia el