Isaac.
Me sentía jodidamente feliz. Volví a besarla; ahora estábamos en la encimera. No quería volver a penetrarla, pero en el baño fue imposible no hacerlo y eyaculé afuera, Sin embargo, quedamos en que volvería con el ginecólogo para que se pusiera el DIU. Le había dado un desinflamatorio para que no sintiera molestia.
Era extraño lo cómodos que nos sentíamos. Bajamos todas las barreras y ahora nos comprendíamos con solo vernos. Como suele decir mi madre. El amor suele estar frente a nuestras narices, pero no lo vemos hasta que estemos listos. Eso fue lo que nos pasó a Milena y a mí.
—¿Vas a cocinarme?
—Sí…
Mi reloj se activó y nuestro rol cambió. Milena se bajó de la encimera y corrió a la habitación, mientras miré quién de mi familia necesitaba ayuda. A su regreso me entregó el celular y la ropa. Ella se quitó mi camisa que tenía puesta, y mientras realizaba la llamada, nos vestíamos.
—¿Hermano? —Lo puse en altavoz.
—¡Se la llevaron, Isaac! ¡Se llevaron a Yang-Mi!
—¡¿Qué?!
Respond