La reunión no empezó cuando Alice entró.
Había empezado treinta minutos antes, en dos llamadas no declaradas, tres mensajes sin copia y una agenda redactada con la palabra reputación donde debía decir control.
Alice lo supo al ver la mesa.
Ferreira estaba a la izquierda, con el expediente abierto pero sin bolígrafo en la mano. Nakamura, a la derecha, había ordenado sus papeles en tres pilas demasiado perfectas. Beatriz Andrade ocupaba el extremo de la sala con la quietud de quien ya había decid