LA PRIMERA FISURA
La señora Flores no preguntó si tenía cita. Llevaba veinte años abriendo esa puerta y sabía distinguir entre las visitas que llegaban a negociar y las que llegaban a resolver. Abrió, dio un paso atrás y no dijo nada. Liam entró. No fue hacia el salón. Fue directo al comedor: la mesa de caoba que su madre usaba para las cenas de empresa y para las conversaciones que debían parecer familiares sin serlo. Esta noche no había cubiertos. Solo la superficie oscura y ancha, que Liam necesitaba exactamen