Las luces de Miami entraban por los ventanales del Hotel Miller como si la ciudad no supiera nada de lo demás.
Brillo limpio.
Líneas de neón.
Reflejos deslizándose sobre el vidrio.
Una belleza hecha para quien mira desde afuera y no tiene que cargar con lo que cuesta sostenerla por dentro.
Alice sí lo veía.
Eran las 9:46 p.m. del 23 de diciembre y el hotel olía a barniz nuevo y tela recién lavada: un lugar que todavía estaba decidiendo quién sería.
En el pasillo, alguien probó el audio del sal