Dos semanas.
Dos semanas desde que Alice había cruzado por última vez la puerta del penthouse, dejando atrás un silencio que ni diez reuniones de negocios lograban tapar.
Dos semanas desde que Liam creyó —estúpidamente— que podía seguir adelante.
Enterrar lo que sentía bajo trabajo, racionalización y distancia bien planchada.
Sophie lo convenció de tener una “cita romántica”.
Liam aceptó por una razón simple.
No quería volver a un penthouse vacío.
Sophie era funcional.
Hablaba cuando él no tenía