El teléfono llevaba cuarenta minutos vibrando cuando Alice por fin lo desbloqueó.
No lo miró al despertar.
Se quedó quieta, una mano sobre el vientre, escuchando el hotel:
un carrito de limpieza lejos,
una puerta cerrándose con cuidado,
el zumbido constante del aire acondicionado.
El 1 de enero sonaba distinto al 31.
Menos brillo.
Más resaca.
La ciudad pagando en silencio lo que prometió a medianoche.
El bebé se movió apenas bajo su palma.
Un saludo breve.
Un recordatorio.
—Buenos días —susurr