Apenas llegamos a la hacienda, se notaba que con los años el tío Leo había hecho un montón de remodelaciones. La casa era mucho más grande que antes, y no me sorprendería si seguía creciendo más.
La camioneta se detuvo frente a la entrada, y fuimos bajando uno por uno. La tía Amelia ya nos esperaba en la puerta, como siempre, lista para recibirnos con los brazos abiertos. Ella se veía igual de bonita, parecía que no le pasaran los años, y sus ojos seguían igual de únicos como siempre.
"¡¡¡Liam!!