No podía controlar más mi deseo.
Podríamos hablar sobre Jenny después, pero lo de ir al acantilado tendría que ser otro día. Me acerqué a Sylvester en la cama, me senté encima de él con las piernas abiertas y desabotoné mi blusa.
"Tienes que terminar el cuento, cariño. El lobo quiere devorar a la Caperucita Roja, y a diferencia de ella, yo si estoy dispuesta a ser bien comida por mi lobo..." le dije, y él tocó suavemente mis tetas, llevándolas a su boca. Chupó mis pezones despacio, lamiéndolos