Su gesto me hizo sonreír, tomé la rosa de su mano y la olí lentamente, manteniendo su mirada. Sus ojos azules eran brillantes y me provocaban mariposas en el estómago.
Se puso de pie y extendió su mano hacia mí, no dudé en tomarla. Me sonrió y me llevó a la pista de baile.
"Te ves impresionante, Luna Tamia." Me alagó y le di las gracias.
"Para mí es un honor que una mujer tan hermosa como tú haya accedido a bailar conmigo." Me sostuvo contra su pecho, dejé que lo hiciese, hacía más de un mes qu