“Es hermosa”. Dijo mi madre admirándola. “¿Cómo te está tratando, querida?” Le preguntó ofreciéndonos un asiento.
Tamia se sentó y sonrió. “Estoy muy feliz”.
“Por tu sonrisa, puedo ver que sí.” Con delicadeza, mi madre tomó su mano para admirar el anillo. “Es justo el tono de tus ojos”. Dijo mirando a Tamia. “¿Quién hubiera pensado que eras todo un romántico, Sylvester?”.
Sonreí.
“¿Entonces esto es definitivo?” Pregunto mi madre y yo asentí.
“Espero que los bebés estén en los planes.” Agregó.