Mientras salía, le pedí a los Kappas que castigaran públicamente a las Omegas que había señalado y que lo hicieran como un espectáculo, les instruí que lo más importante era decir lo que habían hecho, para que los demás miembros de la manada supieran lo que pasaría si irrespetaban a mi Luna.
Amelia entendió mis razones sin que tuviera que explicárselas y dejó que lo hiciera. No insistió, nunca intentaba salirse con la suya. La lista de sus cualidades era infinita, aun así, la próxima vez dejaría